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Infectious disease

La dexametasona parece ayudar en los casos graves de COVID-19

El esteroide, económico y ampliamente estudiado podría dar a los médicos otra herramienta en la pandemia de coronavirus

by Lisa M. Jarvis
June 22, 2020 | APPEARED IN VOLUME 98, ISSUE 24

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Credit: Fotoarena/Newscom

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Un esteroide económico barato y usado desde hace décadas parece ayudar a sobrevivir a algunos de los pacientes más enfermos con COVID-19, según los primeros resultados de un estudio realizado en hospitales del Reino Unido. Los datos, que solo están parcialmente disponibles y que no han seguido una revisión por pares, sugieren que la dexametasona podría tratar la reacción exagerada que genera el sistema inmunitario en los casos más graves de la enfermedad respiratoria.

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El estudio del Reino Unido, denominado RECOVERY, (un acrónimo en inglés para RECUPERACIÓN “evaluación aleatorizada de la terapia de la COVID-19”), se ha realizado hasta el momento en más de 11500 pacientes con COVID-19, quienes recibieron uno de los distintos tratamientos aleatoriamente. De éstos, 2104 pacientes recibieron una dosis baja de dexametasona, que está disponible tanto por vía oral como intravenosa–píldora como en tratamiento IV, durante 10 días. El medicamento redujo en un tercio las muertes en personas con respiradores y en un quinto en aquellas personas que necesitaban oxígeno en comparación con las 4321 personas del ensayo que recibieron atención estándar.

Hasta la fecha, otro fármaco que se ha demostrado clínicamente que tiene un efecto sobre la COVID-19, es el remdesivir de la compañía estadounidense Gilead Sciences. Se ha demostrado que el antiviral reduce la duración de las estancias en el hospital, pero no se ha demostrado que reduzca el riesgo de muerte.

Expertos en enfermedades infecciosas están entusiasmados con el hecho de que un medicamento barato y que se lleva utilizando desde hace mucho tiempo pueda ser útil para tratar el nuevo coronavirus, que ya ha costado más de 440000 vidas.

Pero siguen siendo cautelosos ante la limitada cantidad de datos analizados. “Estoy intrigado por estos resultados, y me gustaría ver todos los datos; realmente tiene el potencial de alterar la forma en que se manejan los pacientes “, dice Warner Greene, virólogo del Instituto Gladstone de Virología e Inmunología Gladstone. Al igual que otros entrevistados por C&EN, Greene estaba insatisfecho con la forma en que se han publicado los resultados, con un comunicado de prensa en lugar de un manuscrito completo y revisado por pares. Pero a diferencia de muchos de los estudios que se están llevando a cabo en medio de la pandemia, señala, el ensayo tiene un diseño robusto.

Cuando nuestro sistema inmunitario funciona correctamente, reacciona de una manera equilibrada generando “un proceso inflamatorio rápido y efectivo que destruye o controla el virus y la respuesta negativa que detiene la inflamación excesiva, permitiendo que nuestro cuerpo elimine las células infectadas y repare los tejidos dañados”, explica Gil Mor, inmunólogo de la Universidad Estatal de Wayne.

La infección por coronavirus se vuelve mortal cuando la respuesta inmune al virus no se controla, y como Mor describe, “la inflamación trae más y más inflamación” en una respuesta cíclica que abruma al cuerpo.

La dexametasona funciona suprimiendo esa respuesta de forma amplia y potente. Que parezca hacerlo de forma segura y efectiva ha sorprendido a algunos. “Teniendo en cuenta las publicaciones previas, considero estos nuevos datos con extrema cautela”, dice Greene. Los esteroides tienen un pasado irregular en el tratamiento de reacciones exageradas inmunes que ocurren en otras infecciones, incluido el SARS (síndrome respiratorio agudo severo, por sus siglas en inglés). Una diferencia, señala, es que en brotes anteriores, los pacientes recibieron altas dosis de esteroides, mientras que en este estudio se administraron dosis bajas.

Las compañías farmacéuticas están probando una gama de nuevos medicamentos que disminuyen factores clave en esa respuesta inmune, un enfoque que muchos expertos esperaban que fuera más seguro que los esteroides. Los investigadores apuntan que el ensayo RECUPERACIÓN RECOVERY también está probando uno de esos inmunomoduladores más precisos: el anticuerpo tocilizumab, que inhibe la interleucina-6 (IL-6).

“Una perspectiva algo cínica es que ha habido todos estos estudios examinando las mejores máquinas de coser… y aquí llega esto, que es volver a usar aguja e hilo “, dice Libby Hohmann, profesora asociada de medicina y enfermedades infecciosas en el Hospital General de Massachusetts.

Expertos en enfermedades infecciosas plantean una serie de preguntas que esperan ver respondidas con los datos finales. Por ejemplo, se preguntan acerca de la alta tasa de mortalidad entre todos los pacientes en el ensayo RECOVERY –hasta el 41% de los que requirieron ventiladores y el 13% de los que necesitaron oxígeno–, “algo que es bastante sorprendente”, dice Hohmann.

H. Clifford Lane, director clínico de Alergias y Enfermedades Infecciosas, que está supervisando los estudios de la COVID-19 en el NIH, no está muy preocupado por la alta tasa de mortalidad porque algunos grupos podrían estar entrando en el estudio ya en alto riesgo.

La capacidad de comparar poblaciones “importa y mucho”, dice Kathryn Radigan, médica pulmonar y de cuidados críticos en el hospital de salud del condado de Cook en Chicago. Radigan dice que examina cada estudio que surge para determinar si los pacientes que responden al estudio son similares a los que ella está viendo en su propia unidad de cuidados intensivos.

A los médicos también les gustaría controlar mejor en qué momento administrar dexametasona en el transcurso de la enfermedad. Por ejemplo, administrarla demasiado pronto, cuando el virus se está acelerando y el sistema inmunitario necesita hacer su trabajo para vencerlo, podría ser contraproducente, señala Hohmann.

El estudio también plantea preguntas sobre si el esteroide debería usarse junto con otros tratamientos. “¿Deberíamos añadir dexametasona a remdesivir? ¿Deberíamos reservar la dexametasona para las personas con ciertos marcadores inflamatorios?” pregunta Hohmann. “Éstas son decisiones realmente complicadas”.

Añade que el ensayo del tratamiento adaptativo en la COVID-19 realizado por el NIH, del cual ella forma parte, está considerando cómo combinar terapias que funcionan a través de diferentes mecanismos, como pueden ser un medicamento antiviral y un antiinflamatorio.

Expertos en enfermedades infecciosas advierten que, incluso si los datos se mantienen cuando estén disponibles en una publicación revisada por pares, la dexametasona no es un medicamento milagroso sino simplemente una herramienta más. “Tenemos un antiviral, remdesivir, que tiene cierto grado de eficacia clínica en ciertas poblaciones de pacientes; parece que ahora podríamos tener otro medicamento, un agente antiinflamatorio”, dice Lane.

Aun así, la mayoría de los investigadores están esperanzados ante la idea de que un esteroide económico pudiera ser otra herramienta para los médicos en la primera línea de la pandemia de COVID-19. “La prueba de fuego es: si me enfermara y estuviera en el hospital, ¿tomaría dexametasona?” Dice Greene. “Y creo que la respuesta es sí, pero antes me gustaría leer la publicación”.

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