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Infectious disease

Un estudio genético sugiere que el grupo sanguíneo podría afectar a la severidad con la que sufren la COVID-19

Las personas con grupo sanguíneo A podrían tener un mayor riesgo de enfermedad grave, mientras que aquellas con grupo O pueden tener un riesgo menor

by Alla Katsnelson, special to C&EN
June 15, 2020 | APPEARED IN VOLUME 98, ISSUE 23

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Credit: Shutterstock
Las personas con grupo sanguíneo O podrían tener un riesgo menor de desarrollar una enfermedad respiratoria grave por SARS-CoV-2.

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La semana pasada, un estudio genético en más de 1.610 pacientes con COVID-19 en Italia y España encontró que las personas con grupo sanguíneo A tenían una mayor probabilidad de desarrollar insuficiencia respiratoria severa que las personas con sangre tipo O (medRxiv 2020, DOI: 10.1101/2020.05.31.20114991). Los hallazgos parecen apoyar una idea que se ha estado desarrollando desde el comienzo de la pandemia mundial: que el grupo O protege de alguna manera contra la enfermedad, mientras que el A puede hacer que las personas sean más vulnerables.

En este nuevo estudio, los investigadores secuenciaron los genomas de pacientes con COVID-19 en España e Italia que habían sido hospitalizados con insuficiencia respiratoria grave y compararon las variaciones en sus secuencias de ADN con las de 2.205 sujetos sanos. Encontraron dos regiones de ADN en las que las variaciones de secuencia estaban significativamente relacionadas con la gravedad de la enfermedad. Una de esas regiones contiene el gen que codifica el grupo sanguíneo ABO de una persona. Los hallazgos fueron publicados en el servidor de preimpresiones (preprints) medRxiv y aún no han sido revisados por pares.

El 8 de junio, la compañía de genómica personal 23andMe publicó resultados preliminares de un estudio con 750.000 personas que llegó a conclusiones similares. La compañía descubrió que las personas con grupo sanguíneo O tenían entre un 9 y un 18% menos de probabilidades de contraer COVID-19 que aquellas con otros grupos. Los resultados de estos dos estudios recientes se alinean con los de una serie de informes adicionales publicados a principios de este año, incluidas dos preimpresiones de un hospital de Wuhan (medRxiv 2020, DOI: 10.1101/2020.03.11.20031096) y otro de Nueva York (medRxiv 2020, DOI: 10.1101/2020.04.08.20058073), y un estudio revisado por pares de Wuhan (Br. J. Hematol. 2020, DOI: 10.1111/bjh.16797).

Los resultados de 23andMe son difíciles de comentar, ya que la compañía no publicó sus datos, dice Fumiichiro Yamamoto, un inmunohematólogo del Instituto de Investigación de Leucemia Josep Carreras en Barcelona, quien identificó el gen que codifica los antígenos de tipo sanguíneo en la década de los 90 . Pero, dice, la evidencia de un vínculo entre el riesgo de enfermedad grave por COVID-19 y el grupo sanguíneo es ahora sólida. El reciente estudio en medRxiv “es mucho más concluyente” que el trabajo anterior porque los investigadores buscaron en 8,5 millones de regiones genéticas de manera imparcial hasta llegar a la asociación, dice Yamamoto.

Todavía no se sabe cómo exactamente el grupo sanguíneo podría desempeñar un papel en la infección por SARS-CoV-2. Andre Franke, un genetista molecular de la Universidad de Kiel y coautor principal del estudio publicado en medRxiv, le dijo al New York Times el 3 de junio que solo podía especular sobre esta cuestión. Además, señaló que la región del gen que codifica el grupo sanguíneo también está asociada con niveles elevados de una molécula inmune clave, por lo que, en teoría, podría asimismo contribuir a su conexión con la COVID-19. Sin embargo, los investigadores que estudian el grupo sanguíneo tienen algunas ideas más definidas, basadas en parte en la investigación realizada durante la epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) 2002-3, causada por el SARS-CoV-1, un primo viral del coronavirus COVID-19.

El grupo sanguíneo está determinado por moléculas de azúcar específicas que se agregan a proteínas o lípidos en nuestras células sanguíneas y otros tipos de células. Las personas con sangre A portan los llamados antígenos de azúcar A, las personas con sangre B tienen antígenos B y las personas con sangre O no tienen ninguno. En consecuencia, los sistemas inmunes de las personas con sangre A desarrollan anticuerpos para los antígenos B, las personas con sangre B tienen anticuerpos para los antígenos A y las personas con sangre O tienen anticuerpos para ambos.

La proteína de espiga de SARS-CoV-2, una molécula clave que el virus usa para infectar células, también está fuertemente glucosilada, dice Laura Cooling, directora de inmunohematología de la Universidad de Michigan. “La proteína de espiga tiene toneladas de azúcares, y el virus está tomando prestadas las enzimas del huésped para unir esos azúcares”, dice ella. La investigación sobre el SARS-CoV-1 sugirió que la proteína espiga de las partículas virales a menudo transporta el antígeno de azúcar del grupo sanguíneo de la célula huésped infectada que produce el patógeno.

El SARS-CoV-2 puede replicarse en células que expresan antígenos de grupo sanguíneo, dice Jacques Le Pendu, un glicobiólogo de la Universidad de Nantes. Entonces, cuando una persona infectada tose o estornuda, posiblemente libera partículas virales recubiertas con los antígenos de su grupo sanguíneo. Eso significa que si una persona con sangre A transmite el virus a una persona con sangre O, la persona del grupo O tendrá anticuerpos que pueden combatir el virus. Sin embargo, si la persona que inhala las partículas también es del grupo A, no tendrá esos anticuerpos.

Los datos de la epidemia de SARS también parecen contribuir a la idea de protección del grupo sanguíneo O. Un informe de 2005 analizó las consecuencias de un paciente infectado que expuso a 45 trabajadores de la salud en un hospital de Hong Kong al virus SARS-CoV-1. De las 19 personas con grupo sanguíneo O, 8 se infectaron, pero de las 26 personas con otros tipos, se infectaron 23 (J. Am. Med. Assoc. 2005, 10.1001/jama.293.12.1450-c). En estudios de laboratorio posteriores, Le Pendu descubrió que los anticuerpos contra los antígenos tipo A bloquean la interacción entre la proteína espiga del SARS-CoV-1 y el receptor de la célula huésped que usa para ingresar a las células, pero solo si las partículas del virus se habían producido en células que podrían expresar el antígeno A

Pero Cooling señala que la idea de que tener grupo sanguíneo O es protector no coincide con la epidemiología del COVID-19 en los EE. UU. El grupo O es más frecuente entre los afroamericanos; sin embargo, los afroamericanos han experimentado tasas de infección desproporcionadamente altas. Esa información epidemiológica sugiere que el efecto protector del grupo sanguíneo podría ser bastante pequeño en comparación con otros factores, dice ella. “Se trata de tu tipo de sangre, en relación con la otra persona que te expuso, y en relación con todas las otras condiciones de salud genéticas y adquiridas que tienes”, dice ella.

Aunque el estudio de medRxiv no encontró una asociación con el grupo sanguíneo B, tanto Yamamoto como Le Pendu sospechan que un estudio que incluya más personas del tipo B podría encontrar que el tipo de sangre muestra el mismo riesgo aumentado que el tipo A.

La presencia o ausencia de anticuerpos de tipo sanguíneo no es la única forma en la que el grupo sanguíneo podría afectar a la respuesta del cuerpo frente a la infección con SARS-CoV-2. El grupo sanguíneo influye en la coagulación de la sangre y hay una creciente evidencia que sugiere que la patología COVID-19 a menudo implica una coagulación sanguínea hiperactiva. Las personas con sangre O tienen niveles más bajos de proteínas que promueven la coagulación de la sangre. “Esto también fortalece el argumento de que los individuos del grupo O tienen menos probabilidades de sufrir daños graves por esta enfermedad”, dice Yamamoto.

Traducido al español por Juan José Sáenz de la Torre Lasierra para C&EN. La versión original (en inglés) de este artículo está disponible aquí.

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